El corazón.
Se me sube en una arcada hasta la boca.
En un intento de devolverlo a su lugar,
el organismo lo empuja hasta la traquea,
resbala por las costillas,
maguyandose y cayendo al vacío en el estómago,
sin paracaidas, de culo y sin frenos,
dejandome solo
con unas ganas tremendas de cagar.







Y en ese momento,
vuelvo a pensar en tí.

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